MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


lunes, 17 de septiembre de 2012

El polvo eterno y un adiós



A plomo. Así les vi marchar y juro que me hubiera lanzado a por ellos. Nadie, ningún río les devolverá vivos por muy muertos que hayan estado siempre. A plomo. Sin hacer ruido y follando. Haciendo el amor y en silencio. Ella, Angustias, dándole la espalda para entregarle todo. Ramiro agarrado para no perderse nada. Ocurrió el pasado viernes pero pudo ser cualquier día. Ramiro no necesitaba cruzar a nado cada noche para amarla. Ni Angustias encender una lámpara en lo alto de la torre para guiarle en el mar hacia sus piernas. Y también se los tragó el agua. Fue en uno de esos puentes del nuevo Manzanares (Madrid). La luz atravesaba hasta los cables de sujeción, el agua verde reflejaba otros puentes. La estampa perfecta para sentirse por dentro. Saqué a Ramiro y a Angustias de su cajita y los coloqué junto a una tuerca industrial. Maldito viento. No me dio tiempo ni a mirarles cuando les vi caer al agua desde una altura de cuatro o cinco metros. Pesan poco, tardaron en tocar el agua. Pensé que flotando llegarían hasta la orilla, pero no había corriente y en ese instante, mientras fijaba la mirada sobre la pareja y gritaba como un niño, se voltearon para mirarme y comenzaron a hundirse despacito. Una de esas canciones de Sigur Ros que parecen despedidas eternas se hizo banda sonora. Maldita mi suerte, escuchar esas canciones que nunca he entendido y ahora sé por qué. Eran para ellos, para su adiós. Se difuminaron y allí seguirán, pegados, fusionados, penetrados en el fondo del mar con el soldadito que no pudo agarrarse al barquito de papel. Si Ramiro y Angustias han desaparecido no me pueden hacer creer ahora que aquel muñequito de plomo era el mejor surfero de Mundaka.
Estuve triste, no tanto como para sacar el hielo y el guisqui y recocerme en mi salsa pero sí para entender cuánto significaban para mí Angustias y Ramiro, esa diminuta pareja de plástico que ha protagonizado la serie más caliente de Jong Ki Love. A esos amantes de color carne y pezones oscuros que ido fotografiando a lo largo de los últimos tres meses, les gustaba posar así, follando. Una amiga del FB llegó a enviarme un mensaje privado para decirme “que hasta me pone cachonda verles”. ¡Pues claro! Cuando hace más de dos años comencé con el proyecto We Are No Alone, la liberación de unas pequeñas figuritas que apenas superan los 2 centímetros de alto no pensé que me engancharía tanto. Y el suceso del otro día me lo ha demostrado. No puedo vivir sin ellos pero quizás va siendo el momento de decirles adiós.