MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


jueves, 16 de febrero de 2012

Petimetres en La Pepa Fashion Week


"Con las bombas que tiran los fanfarrones /se hacen las gaditanas tirabuzones". Con este comienzo -una coplilla cantada por el pueblo de Cádiz durante el asedio francés entre 1810 y 1812- no pretendo apuntalar ese patriotismo deportivo surgido frente a unos guiñoles gabachos, es solo es una excusa para hablar de moda. Sí, de moda. Resulta que en el bicentenario de La Pepa todavía se recuerda el episodio de los obuses franceses, proyectiles que nunca causaron grandes estragos porque o no acertaban o perdían fuerza en su trayectoria. Así que con los restos de plomo de las bombas bonapartistas las mujeres gaditanas se sujetaban los rizos. Una burla digna de chirigota. Mi amiga Margarita dice que eran tantos los obuses lanzados que sus piezas incandescentes parecían fuegos de artificio, algo que celebraba la población como si pudiese disfrutar de fiestas luminosas permanentes.
En esta ciudad rendida a las celebraciones constitucionales y las promesas no cumplidas hay una pequeña, pero muy sugerente, exposición titulada 'La Moda en el Cádiz de 1812' (Centro Integral de la Mujer), un repaso de la indumentaria que se llevaba en la villa portuaria. Lo que más llama la atención son los nombres de prendas y personajes, y cómo han llegado a nuestros días tras 200 años de historia.
Los hombres ya se ponían chupa, prenda de abrigo, ajustada al tronco y sin mangas. Si ahora se adornan con tachuelas y parches de ACDC, en aquella época eran de otomán beige "con un bordado en Punto de Coral múltiple" y los botones llevaban motivos florales. Por lo que leo en varios de los paneles explicativos, los gaditanos se rindieron al estilismo en una suerte La Pepa Fashion Week.
Y ahí estaban los Petimetres, jóvenes de buena familia que destacaban por su manera de comportarse y su preocupación por seguir las modas. Vividores que incluso pillaban tendencias del pueblo llano y luego las adaptaban a su clase con tejidos caros y de lujo.Currutacos, Lechuginos o Pisaverdes eran otros sinónimos para definir a esos caballeros que "solían ser el cortejo de alguna señora casada". También había Petimetras gastadoras y elegantes, y casi siempre desocupadas. Unos y otros estaban ociosos, afeminados, presumidos "y vagando todo el día en busca de galanteo". Niños de papá que hoy pulularían entre el Chamberí madrileño más rancio y que seguramente acabarían la noche en La Posada de las Ánimas intentando deslumbrar a la última expulsada de GH12+1.


Sigamos con la calzona, término aún vigente en algunas partes de Andalucía para definir ese pantalón que ni es corto ni es largo, una especie de Bermuda. En la Cádiz constitucional la calzona era usada por los carniceros y llegaba hasta media pierna. Hoy en día, algunos van con la calzona puesta hasta para dormir. Sería una variante del look chandalero y poligonero para zonas más cálidas.
Los cocineros de la época se vestían con el chanchullo, nombre que despectivamente se le daba al pantalón largo. En las primeras décadas del siglo XIX, los pantalones largos se consideraban amanerados y horteras. Los españolitos de clase alta, más conservadores que franceses e ingleses, no vieron con buenos ojos los chanchullos, que ya se habían extendido entre los trabajadores. En el siglo XXI, las elites políticas y económicas prefieren la definición de la RAE: "Manejo ilícito para conseguir un fin, y especialmente para lucrarse".
Como colofón, un par de apuntes cachondos: el hombre llevaba rellenos y acolchados en el pecho, estómago, vientre y bragueta para dar aspecto fuerte y viril. El paquete llegó a ser tan prominente que "se dice que incluso se guardaba allí el dinero". Y las mujeres no llevaban ropa interior, usaban unas camisas de algódón hasta las rodillas, sin nada debajo, y por encima las enaguas. 
No quiero dejar la oportunidad de recordar un periódico que fue precursor de la prensa moderna en España, una publicación de corte liberal con una cabecera más propia de la era de los 140 carácteres que de aquellos años de discursos y Cortes constitucionales. Se llamaba El Conciso. Era batallador, burlesco y satírico, de tan solo cuatro páginas pero seguro más cañero que toda la prensa nacional de la España de la crisis. ¡¡Viva La Pepa... Fashion Week!!

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