MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


lunes, 26 de diciembre de 2011

UN RENÉ DANIËLS CON HIELO, PLEASE


Que si las joyas del Hermitage, que si el maestro Yves, que si la vanguardia soviética -en dos museos-, que si hojaldrinas y cava... qué sí que no, que caiga un chaparrón de granizo tipo cubito del chino pero ¡¡ya!!. Hoy he decidido borrarme del esplendor cultural que llena Madrid. Como colofón me he ido al Palacio de Velázquez (en El Retiro) y me he sentado en un suelo pétreo y templado frente a un monitor de televisión. Los vigilantes estaban tan desganados que han pasado de moi durante más de media hora. En la pantalla aparecían, sin parar, personajes de los años 70. Que si la actriz warholiana Cherry Vanilla pegando saltos, que si una banda holandesa llamada Naskam, que si las chicas punkis de The Slits, que si los Sex Pistols, que si el grupo londinense 999, que si el precursor de todo lo inimaginable Jonathan Richman... Vamos, glamour sin pulir. El hombre que grabó todas esas actuaciones se llama René Daniëls, un holandés que hoy tiene 62 años y una sola mano para crear desde que en 1987 un derrame cerebral le dejase manco y en tierra de nadie, donde siempre estuvo y nunca salió.


Daniëls se emparenta con dos Marcel (Duchamp y Broodthaers), se empapó de punk y new wave, no se subió al carro del neoliberalismo artístico ni a corrientes sopladas por vientos comerciales. Definiendo a Duchamp se describió así mismo: "(...) el logro de Duchamp se basa más, sin duda, en la expansión de los posibles modos de hacer arte (...) de usar todo lo que la vida nos ofrece. De usar lo que antes era tierra de nadie entre la literatura, el arte visual y la vida". Por eso, en el Palacio de Velázquez nos encontramos bocetos de chicas sentadas en el water, braga en tobillos, leyendo el Ulises de Joyce; acuarelas de patos skaters, flores de primavera que son más que palabras, barcas a la deriva, rostros inacabados, pinceles que atraviesan discos de vinilo, pajaritas arquitectónicas, linoleografías de borsalinos que ocultan rostros y grabaciones obsesivas de las bandas más rompedoras y underground del momento. This is not a love song pero sienta de maravilla para una mañana soleada y fría de resaca.