MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


sábado, 10 de diciembre de 2011

IL DIVO Y LA TETA DE SABRINA


Esto, para bien o para mal, se trata de momentos estelares de la televisión. En alguno de los cajones cerebrales que aún mantengo a medio abrir, y utilizando la agilidad mental como arma suicida, dispongo de un archivo íntimo de joyas catódicas: Orzowei corriendo sin parar por la sabana más blanquecino que un zombi, el beso de Sandokán a su princesa malherida mientras huye con ella en brazos por la jungla, los hombres de Harrelson tomando de un armario-armería sus armas a toda prisa porque misión obliga, Alfalfa y sus colegas haciendo un pastel relleno de calcetines sucios en La bola de cristal, la teta de Sabrina, Arrabal bamboleando en un plató milenarista, Chiquito de la Calzada en plan Ian Dury, Aznar ‘trabajando-en-ello’, las capuchas etarras… y la actuación de ayer viernes de Il Divo en Sálvame de Luxe.
No he logrado recuperarme. Imposible de resetear.
El presentador muestra la carátula de su último disco (se acercan las navidades). Il Divo en letras enormes y el título, Wicked game, en chiquitito. ¡¡¡Nooooooooo!!! Nos cae versión de la canción de Chris Isaak. Reconozco que el tema me pone y si lo canta Pipilotti Rist, mucho más, pero vaticinaba que algo infernal iba a ocurrir en el plató y en playback. Surge en la escena un señor –que responde al nombre de Carlos Marín- con cara de solarium acompañado de tres jovenzuelos anglosajones mezcla de mormones y Los albóndigas en remojo. El maestro Jorge Javier les da luz verde. De pronto, el señor solarium, que también podría pasar por el hermano pijo y operado de Manolo García, comienza a poner cara de barítono y entona en italiano “The world was on fire and no one could save me but you”. Hostias. Hacía muchísimo que no lloraba del descojone, lo juro. Esa entrada de los coros haciendo creer que tenían distintos timbres mientras gritaban "I want to fall in love" no tuvo precio. Agotado de la risa empiezo a reproducir mentalmente las imágenes de esos poco más de dos minutos. Eran Los Chunguitos del bel canto. Con perdón para los  autores de Soy un perro callejero. Un padre y tres hijastros protagonizando una de las escenas más tremendas de la opera-pop, como ellos gustan llamar a su estilo. I never dreamed that  I knew somebody like you, auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu. Y yo también soy víctima de esta canción.