MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


martes, 26 de julio de 2011

El bien de Alzheimer

Paco prepara un salmorejo con papa frita y un rebujito con menta que me tiene enamorao. Prendao de sus historias cordobesas. Rituales son sus invitaciones horas antes de que cada uno haga la maleta y se largue de vacaciones. La última fue el pasado 20 de julio. Lavapiés escupía ardor y Paco derramaba oliva virgen por la crema de tomate. Me contó, entre refresco y refresco, la vida que llevan dos ancianos de su pueblo. Ahora son ancianos de zapatilla cómoda y fresca. De camisa limpia y camiseta interior de tirantas. Toda la vida se han llevado como perros. Si las miradas matasen, sus duelos al sol se habrían contado por centenares durante décadas. Eran rencillas familiares imposibles de superar. Era un mal rollo superior. No hay saludos, nunca los hubo, no sirven para nada. El destino quiso que los dos, septuagenarios, hayan comenzado a mostrar síntomas de la enfermedad de Alzheimer, el mal de Alzheimer que llaman. Se les coló en su cerebro casi a la vez ante la mirada de sus vecinos. Se cruzan en las mismas tascas, empedrados y bancos que antes les distanciaban. Ahora, uno le pregunta al otro: "¿y tu y yo, por qué no nos hablamos?". Antes del Alzheimer, quizá tampoco supieran la respuesta pero hoy se miran con otro brillo en los ojos, se sonríen, pasean a la vera el uno del otro, se cuentan cosas surreales solo para sus oídos. Les ha venido de perlas no comprender el pasado. El presente, cuanto menos memoria y más olvido, ha apaciguado su ser. Les queda un poso, cada vez más pequeño, que les identifica como enemigos pero ya saben que no lo son. Los demás son espectadores de un reencuentro imposible. Todos recuerdan tal y cual bronca. Ellos no. Se acodan en la misma barra, toman el mismo chato de vino fino, se despiden porque están seguros que el mañana será aún mejor que el hoy. Es el bien del Alzheimer hasta que lo olviden todo.
P.D. Lo que tiene el destino. Hace seis años conocí a Magda, una mujer italiana que dejó Milán para vivir en una loma del Cabo de Gata. Alquilo una parte de su casa. En la suya hay huellas de cientos de viajes por el mundo. Es una Nonna con clase. Justiciera. Ayer, cuando llegué, me regaló un cd de Renato Carosone y tres broches que ella misma montó en los años 80. Eran figuritas como las de Jong Ki Love pegadas sobre bases doradas. Como we no speak americano, le seguiremos dando al whisky & soda & Rock 'n Roll. Ciao...