MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


domingo, 12 de junio de 2011

La noche que no acaba

Lo tienes delante y no lo ves. "¿A qué te suena el nombre de Ava Gardner?". Si un buen amigo te hace esta pregunta mientras tira de la anilla de una Mahou Clásica 33cl no hay trampa. Emilio, el gaditano ambulante -ése que ni es de Cádiz ni anda perdido-, sabe que la respuesta está en tu cerebro pero no atinas a encontrarla. "¿No te suena Ava al nombre de Eva? ¿Y Gardner a garden? Ava Gardner es Eva en el paraíso". Pues sí, pues claro, pues vale. Y Ava encontró parte de su paraíso en España, en la España de los años 50. Me quedé encandilado con Isaki Lacuesta, director catalán, cuando logró sacar adelante Cravan versus Cravan, un documental que partía de dos minutos de grabación de un combate de boxeo que perpetraron en la Monumental de Barcelona el poeta dadaísta Arthur Cravan y un negro brutal y púgil de nombre John Arthur Johnson (Jack Johnson). De ahí, Lacuesta montó una especie de biopic fascinante de Cravan. Así que cuando me invitan a un pase de Isaki, allá voy. Por eso mismo me compré La leyenda del tiempo, otra delicia de película con Camarón de fondo, los nudillos del flamenco y la catarsis japonesa, todo ello servido como un gazpacho cremoso con olor a sushi. Con La noche que no acaba, el joven cineasta vuelve a lo que llaman docu-ficción (o algo parecido) para mostrarnos a la Ava más cañera, fiestera, atormentada, pasional... bella. Cuenta en la peli que Ava es la actriz que mejor sabe caminar dando la espalda a la cámara, para en un momento dado darse la vuelta, mirar y no saber si acaba de llegar o está a punto de irse. Y profundiza sobre el arquetipo tan español de Carmen, mujer fatal, venenosa, que te lleva a la ruina, que le tocó interpretar durante toda su carrera a la diva de Hollywood. Con preciosos planos y diálogos de decenas de películas de Gardner, imágenes de la España de esa época y testimonios de personas que conocieron en esencia o de roce a Ava, Isaki Lacuesta se monta una maravilla que hace sonreír y te pone frente al juego de espejos que fue la vida de la protagonista de Pandora y el holandés errante. El torero Mario Cabré, Frank Sinatra,Tossa de Mar, Dominguín, El Chicote, Madrid, el alcohol... no falta nadie. Y para acabar, ese pianista de uno de los elegantes antros del Madrid de los 60 al que acudía día sí y día también Ava Gardner, convertido en confesor y lista de reproducción musical de la morenaza. Termina la película y él aparece en este tiempo, con sus años y sus recuerdos, tocando una de las piezas favoritas de la diva, mientras ella -en imágenes de archivo, en color pero antigua de los años 70- interpreta la misma canción en otra dimensión. Un final a cuatro manos para quedarte, enamorado, a ver cómo pasan todos los créditos.Qué placer.