MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


martes, 24 de mayo de 2011

Orgía de lunares Kusama

“I’m here but nothing”. El aquí es una habitación amueblada con recuerdos y muebles, con luz negra que llena el vacío. El nada son cientos de puntos adhesivos de colores pegados por la pared, las patas de las sillas, los marcos de los cuadros, el suelo, las lámparas. El nada es Yayoi Kusama, soy yo, o tú. Un punto que reflecta en una Puerta del Sol, en una sala de espera, en una parada de autobús, en la barra de un bar, esperando a que se ponga verde. El guía del Centro de Arte Reina Sofía (Madrid) repitió mil veces que la obra de la japonesa Kusama (Matsumoto, Japón, 1929) –y hoy en un psiquiátrico de Tokio que más bien debería llamarse Psiqui-artyco- se debe a su carácter maniaco-depresivo, a sus obsesiones mentales. Pero quién no está obsesionado. Prefiero esta obsesión a la de Rajoy con Bildu, a la de Zapatero con quedar bien o a la de Obama con Bin Ladem. Y ninguno de ellos está en el frenopático. Hoy he visitado la retrospectiva de la que es “probablemente la artista viva más conocida de Japón”. Hace tiempo que no recomiendo algo que hacer y hoy me desquito. Irse, irse corriendo a ver la exposición de esta superseñora es una pelota gigante de oxígeno, que te hace recorrer en cuatro o cinco salas la surreal vida de esta octogenaria que prefirió autorecluirse antes que aguantar. De utilizar como lienzo la tela arpillera donde su familia guardaba las semillas de su negocio a la de color hay casi un siglo, pero se atrevió con todo, con el vídeo, la performance, el collage, el dibujo, la escultura, la pintura… así sacaba sus paranoias. De la orgía hippy al pop, del entusiasmo colorista a su odio a que la penetrasen; de las redes infinitas a las esculturas acumulativas. Ella, Yayoi, pequeñita, feucha, cañera y fosforescente. Un punto. Los niños lo flipan, los mayores alucinan. Quería ser una niña flor como Ponyo era una niña pez. El experto recordaba que cuando llegó a EEUU se cagó en el expresionismo abstracto americano, que lo veía como patriarcal y autoritario. Y se cagó llenando todo de lunares, su cuerpo y el de los demás. Lunares como los de LaLoLa y sus guitarras gamberras (http://www.lalola.org/ ). Lunares como los de tu culito, morena. Lunares como los que deja el motor de mi Vespa cuando la aparco. Lunares como los que quedan en el parabrisas cuando llueve por la Gran Vía. Lunares. I´m here but nothing. Disfrutad de Kusama. Museo Centro de Arte Reina Sofía hasta el 12 de septiembre.