MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


domingo, 13 de noviembre de 2011

Tengamos la puta fiesta en paz


Ven papá que hemos de hablar. Mi corazón dadá lo he dado de propina. He conocido a una chica espectacular, miré su escote y me empadroné. Y es que papá, prefiero soñar despierto con caramelos que saben a tormenta, con misioneros que predican el insomnio, con cowboys que nos rodean con su lazo de palabras, con guitarristas de piernas como ancas de rana, con bipolares que llevan una regadera en la cabeza y regalan pompas de jabón luminosas, con el solar donde estaba mi recreo y ahora suben, bajan y agrandan areolas y pezones, con el acordeonista que cuenta antes de dormirse mujeres desnudas con jersey de lana pura de oveja, con la nieve que cae hacia arriba... Como un poco de chocolate y me lavo un poco el cerebro. Bebo agua y paso las noches contando los rayos del sol. Sabes, papá, que tengo cuentos castigados en el desván y que los mantengo prisioneros. Papá, no hay más que hablar. Sólo sé que un día fui Superman y que desde que estuve en la Escuela de los que están en las nubes prefiero soñar despierto. Si cierro los ojos notó al bombín y al borsalino llevarse demasiado bien, compartiendo secretos de alta sociedad. No quiero dormirme, ya llevo bastante lastre en el estómago, bastantes huesos, músculos y puses como para encima dormirme con penas, alegrías, preocupaciones, planes, promesas, recuerdos, gulas e iras, quejas, envidias, amigos que no están... Demasiadas cosas. Soy incapaz de encontrar la postura. Papá, vámonos al parque hasta que el gallo cante y la ciudad se escandalice. Tengamos la puta fiesta en paz.
[Post dominical hilvanado con frases sacadas de tres momentos muy surrealistas que he tenido durante la semana que se acaba: la lectura de 'De nuestros pájaros', un poemario de Tristan Tzara traducido por Francisco Deco (Editado por la Universidad de Cádiz) que me regaló mi amigo Perico; las visiones oníricas del concierto que Albert Pla y Pascal Comelade dieron el jueves 10 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid; y la audición, una vez más, del último trabajo de Nacho Umbert & La Compañía, de título 'No os creáis ni la mitad']

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