MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


lunes, 5 de septiembre de 2011

Meublé, picadero... llámalo X


Seleccioné Blue Hotel en mi iPhone esperando la inspiración californiana y sólo fui capaz de entonar el estribillo. Traté con suavidad la palanca de cambios hasta meter sexta mientras de reojo una morena que hacía juego con el coche se quedaba en taconazos y lencería negra de bordados y transparencias. Aún no habíamos enfilado la carretera de Extremadura, el sol se diluía entre polígonos industriales. Destino: Venus Hotel, un meublé (love hotel, picadero… llámalo X) de reciente apertura allá por Móstoles. En la cartera, dos tarjetas, la de pagar y la de entrar gratis, un pase de cortesía con fecha de caducidad. Era mi primera vez en un afterwork de estas características. Un edificio bunkerizado gris y rojo era la señal. Discreción asegurada. Aquí no vale ir de exhibicionista ni voyeur. Nadie te ve y a nadie verás. Sin bajarnos del coche, una mano abre una pequeña ventanilla. Tarifas IVA incluido para todo tipo de soñadores. Habitaciones temáticas, por horas, por precios. Eso sí, en todas el mínimo está asegurado: cama 2x2, jacuzzi, espejos en el techo y super pantalla plana. Tras identificarnos, un mando a distancia y una llave. Habitación 23. Conduzco hasta el garaje, un hangar lleno de puertas numeradas. Del coche a la suite. "Por favor, nos sube unas cervezas muy frias y unos saquitos de carne y verduras para acompañar", le dije por teléfono interior a una amable señorita. Maldita sea, por qué abriría esa carta forrada como un álbum de fotos. Me tumbé en la 2x2, miré al techo, vi lo que vi y me puse a leerla detenidamente. En todos los pies de página, la misma aclaración precedida de asterisco: “Los combinados con Red Bull tendrán un incremento en el precio de 1 euro”.  Si en los hoteles para no follar hablan de cocina de autor, sándwich de jamón y queso y servicio de habitaciones hasta las 23 horas, en estos meublés de amor transitorio o de tránsito hacia el amor, la cosa cambia. Tras el apartado de postres y souvenirs llegan los productos higiénicos: body milk, gomina, compresas (unidad), desodorante AXE, desodorante Sanex, kit de afeitado, kit dental. Así, textual y entre 0,60 céntimos y 5 euros. No se les escapa detalle. Que te entran manchis después del gozo en el alma grande, no problema. Galletas Oreo, crepes, napolitanas de chocolate... a tutiplén. Suena un timbrecillo. Una trampilla con doble puerta, de esas que usa el psicópata Banderas para bajarle la comida a la bella Anaya, esconde el pedido, incluido el cenicero. Of course. Abro el botellín al estilo ‘chico del Retiro’ y descubro que junto a la 2x2 hay una… barra de stripdance. Nena, que empiece el espectáculo.

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