MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


martes, 2 de noviembre de 2010

Daniel y su yo-yo


Ssssssszzz Ssssssszzz… No estoy hecho para escribir onomatopeyas y menos cuando el sonido que quieres describir es tan leve como un zumbido, como un soplido a mil por hora. ¿Qué es ese ssssssszzz…? Es un yo-yo (yoyó decía yo). Sí, sí, ese juguete formado por dos discos y una cuerda. Ese ssssssszzz es un yo-yo justo en el preciso instante en que se quedaba suspendido al final del cordón, girando sobre sí mismo, mientras hacías un pelín de fuerza hacia arriba para dar esa sensación de dominio, de pescador tirando de la caña, de Indiana Jones pillando látigo. No lo recuerdo bien pero creo que no pasé de ahí. El perrito era el nombre del truco: lo dejabas posado sobre el suelo mientras daba vueltas y avanzaba cual travieso reptil. No es otra batallita retrocool de Jong Ki Love. Esta vez tiene su explicación. Una buena amiga, Ana, me ha contado que su hijo de 18 años, Daniel, es un crack con el yo-yo, que en tres minutos y ante un jurado de profesionales hizo un número que fusionaba técnica y arte, música y lazos, habilidad y velocidad. Me mandó un enlace del V Congreso Nacional de Yoyo (http://aeyoyo.org/), que se celebró entre los días 29 y 31 de octubre en Tres Cantos (Madrid), y se me ha ido la olla buscando más información sobre el juguetito. Me ha recordado al mundo de los skaters. Yo me quedé en el sancheski naranja pero ahora hay tablas tan grandes como las de surf con ruedas de Fórmula 1. Pues con el yo-yo la cosa se disparata (http://www.latiendadelyoyo.com): discos que rozan los 100 euros fabricados en todo tipo de fibras; cuerdas de algodón, poliéster, nylon; rodamientos cerámicos; contrapesos, fundas, guantes, lubricantes. Pues allí llegó Daniel, sacó su arma arrojadiza y empezó a bailar el yo-yo como si el diminuto disco fuese un breakdancer camino del espacio exterior, lazos para aquí, deslizamientos para allá, las manos no se ven, fucking crazy. En enero irá a Praga a enfrentarse a los mejores de Europa, y más tarde se marchará a Florida (EEUU) a vérselas con los reyes del mundo. Suerte Daniel. Acabaré con otra onomatopeya que servirá para adivinar quién es el abuelo de este campeón de yo-yo: ¡¡¡tachán, tachán!!! Sí, también es un mago.