MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


jueves, 30 de septiembre de 2010

Una manada de locos


Sí, eran una manada de locos pero joder, qué arte, qué jondura, los pelos como púas se me pusieron ayer en la clausura del Ciclo de Cine O Dikhipen (así es como llaman los gitanos a La Mirada). Fue en la Filmoteca (Madrid) y homenajeaban a La leyenda del tiempo, el longplay que grabó Camarón y una manada de locos y que revolucionó el mundo del flamenco. No fue comprendido ni se vendió una mierda, pero el tiempo lo convirtió en oro puro. El productor Ricardo Pachón –alma de todo el rock andaluz que se ha parido en el sur- lo dejó clarito: “la clave fue la psicodelia”. La música que salía de las bases de Morón, Rota y San Pablo (de Jimmy Hendrix a Pink Floyd) se la metieron por vena los gitanos y payos que tenían el baile de San Vito en aquella Andalucía de 1979. De ese cruce y del genio de Camarón, Paco de Lucía, Kiko Veneno, Tomatito, Raimundo Amador, Jorge Pardo, los de Alameda, Rubem Dantas –y muchos otros- surgió La leyenda del tiempo. Hace más de tres décadas se juntaron en una casa de un pueblo sevillano y empezaron a alucinar en colores. Whisky y marihuana de aquí para allá, el swing de los palmeros, la filosofía de Kiko Veneno, las manos de Tomatito y Raimundo (“yo,  como tocaba la guitarra española con púa, luego cogía la eléctrica y para mí era mantequilla”), la percusión del brasileño Dantas (que se paseaba por la urbanización en tanga), guitarras electrificadas, sintetizadores, batería… y la voz escupida de las entrañas de Camarón. Allí nació todo. Luego se fueron para Madrid. Pachón consiguió el estudio 1 de RTVE, donde graba la Orquesta Sinfónica, y la liaron parda. El de la Isla de San Fernando aparecía en las entrevistas con barba guevariana y un mono de trabajo de color rojo. Fumando sin parar. El volando voy, volando vengo de Kiko Veneno sabía a gloria, los poemas de García Lorca y Omar Khayyám se transformaban en cánticos de toda una generación. Disfrutando estaba del documental Tiempo de leyenda cuando el reproductor de DVD se jodió. Siete minutos restaban para el final. Y se acabó. Daba igual, la peña salía encantada, imaginándose un the end en toda regla, cada uno el suyo: El soñaba sobre el tiempo / flotando como un velero / nadie puede abrir semillas / en el corazón del sueño. Ah, y Juan el Camas, un señor, el más mayor de todos, que en aquella choza sevillana se dedicaba a freír el pescaíto y a cuidar de aquella bendita manada de locos.