MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


lunes, 26 de julio de 2010

The Smiths en el metro de Londres

Hace unos meses, Javier Mendoza -colega mente sana in corpore corrupto- me habló de una tal Pola Oloixarac -escritora argentina- y de sus teorías salvajes. No le hice mucho caso pero finalmente convertí su libro en mi lectura veraniega. Y se lo tengo que agradecer al Mendi. En un momento dado, Pola dice que "un hombre con una teoría es alguien que tiene algo por gritar, pero un espíritu con una teoría no es mucho más que un trozo de pan a medio masticar navegando por la boca de su medium". No acierto a saber si cuando escribo esto soy un hombre teórico o un espíritu-baguette, pero sí puedo gritar que Londres sigue siendo la polla. Hace más de quince años que no volvía por la capital británica y llegar al metro, pillar la línea Central y encontrarme a un joven, guitarra en ristre y funda a los pies, cantando 'Heaven Knows I'm miserable now' me provocó un tembleque de placer insuperable. The Smiths no son Los Manolos, así que saborear las tonadas del Morrissey en pleno tubo me han transportado a cuando era un hombre -chaval- sin teorías. Cuando estaba en Barajas con my family todavía no intuía lo que nos diferencia de UK. En la zona de seguridad del aeropuerto de Barajas, un vigilante jurado español le pregunta, entre la ironía y paletismo, a una joven magrebí, con dos niños, si el velo no le daba calor, mientras otra vigilante la metía mano de arriba a abajo. Dos horas después, en el área de control del aeropuerto de Stansted, la escena se tornaba distinta. Ahora la que llevaba el velo era una agente de policía británica, que trataba con escrupulosa educación a dos veinteañeras españolas de Erasmus, aborchonadas al intentar explicar qué era todo aquello que llevaban en sus maletas. Fuera teorías, me encantan las bicicletas que montan los londinenses, me flipan las callejuelas y locales de Brick Lane, me alucina la ciudad vista desde el London Eye y sigo excitándome con una pinta de cerveza negra en cualquier pub de mala muerte. No es teoría pero el bocata de jamón que me voy a meter ad hoc no tiene precio.

domingo, 25 de julio de 2010

Uralde se va, ¡viva el Arco Iris!

Ahora que soy un rainbow warrior, Uralde decide darse el bote. Tantos años dedicado a la paz verde y la única imagen que me viene a la cabeza de ese hombretón es la de un tipo relleno con un smoking que le quedaba como a Zerolo el chándal y el pelo lacio. Como el culo. Vuelvo al principio, que me disperso. Desde ayer, me declaro activista del Arco Iris, pero del verdadero arco iris, un barecito en una revuelta de la calle Elvira, en Granada, Spain. Vuelvo a Graná, la tierra del Payo Malo, y me encuentro con la taberna chapada para siempre. En ese callejón, perroflautista donde los haya, se levantaba un pequeño antro regentado por un ex legionario –eso decían los habituales-. Hoy ya no está. Vale, en la ciudad de la Alhambra hay muchos bares y muchas tapas pero ninguno tenía a un malabarista de la plancha y el marisquito como el Arco Iris. Con su mostacho y su malhumor seductor, aquel hombrecillo lanzaba como nadie los manjares sobre la base de acero regastado y ardiente. Gambas, chirlas, navajas, chopitos, sardinas… todo al ritmo de ‘va una segunda’, ‘va una tercera’, ‘va una cuarta’… y así hasta que acababas rezumando cruzcampo y aperitivos con un placer interior sólo comparable a las puestas de sol en el Palmar gaditano. Quizás exagere pero lo vivido allí no me lo roba ni dios. Si todavía hay justicia, el google tendría que estar lleno de foros y entradas sobre ese bar en cuesta. Llegase a la hora que llegase, tus 120 minutos en la terraza empedrada viendo salir humillo de la campana extractora y platos cargados de frutos del mar no te los quitaba nadie. Ayer, Uralde anunció su final. Ayer, me enteré que el Arco Iris dejó de funcionar hace más de un año. Contigo siempre, novio de la muerte.