MANIFIESTO POR LA VISIBILIDAD DE LOS CIUDANANOS

Yo veo cosas que vosotros no creeríais. Ancianos encaramados a magnolios y tejos hokkaido más allá de la Puerta de Alcalá, patines deslizarse sobre el frio aluminio en la cuesta de Moyano. Veo cámaras de seguridad brillar en la oscuridad apuntando a los bolardos de Lavapiés y skaters galopando el hierro oxidado del Reina Sofía. He visto a Muelle refugiado en la ciudad imperial. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas de coñac en un carajillo.
Es hora de vivir.


lunes, 3 de mayo de 2010

McNulty y sus obreros especializados


James McNulty trabajó como policía costero en los muelles de Baltimore, en la brigada antinarcóticos… hasta en el archivo policial de la ciudad de EEUU. No hace mucho, Jimmy fue condecorado. No arregló casi nada pero era de justicia. Han sido casi veinte años de servicio a las órdenes de comandantes acomodados, concejales corruptos y fiscales más pendientes de un polvo a deshora que de los mandatos judiciales para pinchar el teléfono de la delincuencia organizada. Ayer, McNulty empezó en un nuevo destino, una misión internacional: la localización de todas las fosas comunes del planeta tierra. Sus ‘chicos’ son miles de hormigas, de insectos sociales. Hace unos años eran las reinas de la sutura. Cuando algún humano tenía una herida, mordían con sus pequeñas mandíbulas los dos bordes de la piel abierta, y en ese momento les cortaban su diminuto cuerpo. Las cabezas se quedaban cerrando la herida como grapas. Ahora, aquella misión suicida ha quedado atrás. McNulty les ha preparado para el reto más difícil. Arma reglamentaria en mano intenta poner orden entre tanto malentendido. Si los muertos oyesen sólo escucharían el rumor de millones de patitas sobre la tierra quieta.
[En algún lugar de Castilla. 2/05/2010]